sábado, 14 de noviembre de 2015

Amor en Preparatoria capítulo 19 3ra parte (Final)

Saludos mis queridos fans, antes que nada lamento muchísimo la espera que han tenido que pasar por el término de este capítulo, espero que sea de su agrado y les comento que los restantes no tardara tanto como esta última vez.

Muchas gracias por seguir conmigo, les agradezco infinitamente su apoyo y su paciencia, sin más preámbulo. Aquí tienen el final del capítulo 19.

El capítulo 20 lo subiré el 30 de Noviembre. 




Capitulo 19 3ra parte

Los padres de Al estaban sentados nuevamente en la sala de espera, tanto Marcel como Selene miraban discretamente a su yerno, quien estaba hablando en uno de los pasillos con la ginecóloga de su hija y con el médico que la operó, conforme hablaban, los puños de Andrés se cerraron con fuerza.

Selene miró de reojo a Marcel y este sólo asintió; ellos dos eran una pareja bastante peculiar, se leían el uno al otro como nadie, tanto así que las palabras a veces sobraban entre ellos. Selene se mordió ligeramente el labio inferior, era consciente de lo que se avecinaba y el trago amargo por el que pasaría su hija y a pesar de lo mucho que deseaba protegerla, sabía que ese momento de amargura debía de afrontarlo por si misma. Aunque después tanto su padre como ella le consolarían, hasta curar su dolido corazón.

Mientras tanto, Al miraba fijamente el blanco techo de su habitación, su mano derecha descansaba sobre su dolorido vientre, su afligido rostro hablaba por si solo; por momentos se mordía fuertemente el labio inferior; trataba de determinar sus sentimientos, de entenderlos… incluso de superarlos; pero eran demasiado confusos y revueltos, ira, tristeza, desconcierto, amargura, incredulidad; sentía tantas emociones al mismo tiempo que estaba empezando a sentirse desesperada.

— Vamos… vamos — susurró — ¿qué pasa conmigo?, ¿tanto deseaba ser madre?... pero… si en un principio ni siquiera… me importó — su garganta comenzó a cerrarse; una vez más el dolor estaba abrumándola — mi bebé — musitó con la voz apretada, sus ojos despidieron lágrimas intensas que quemaban sus mejillas, su respiración se agitó conforme el llanto le dominaba con más fuerza, gimoteó varias veces con suma amargura y aunque intentó tranquilizarse de mil maneras, sencillamente su cuerpo no le obedeció, tomó la almohada que descansaba bajo su cabeza y se la llevó al rostro y entonces gritó con todas sus fuerzas, permitiendo que el dolor le avasallara una y otra y otra vez; externo todo su malestar en amargo líquido, su pecho dolía como nunca, sentía que moriría de tristeza — mi bebé — repitió con la voz ahogada, un nombre vino a su mente — Oh… S-Sha-ron — musitó con un hilo de voz — te ne-cesito — gimoteó — Sha-ron… tú… m-mi hija, lo siento… lo siento — una nueva oleada de tristeza le doblegó el alma, su llanto seguía imparable… parecía que duraría hasta el fin de los tiempos.

— ¿A-Al? — preguntó Esmeralda, al entreabrir la puerta, su voz irritó a su hermana, no quería ver a nadie, no deseaba hablar con nadie, quería estar sola, por lo que no le contestó y siguió llorando incontrolablemente.

— ¿Puedo, puedo pasar? — preguntó con timidez, sin moverse de su lugar, sus ojos fijos en su hermana, mudos testigos del dolor que Al sentía.

— No… n-no es… un bu-en mo-mento — retiró momentáneamente la almohada de su rostro, mientras articulaba con la voz apretada; estaba haciendo un esfuerzo innombrable por no desquitar todo su coraje contra la joven rubia.

— Pero, tengo… tengo que decirte algo — tragó saliva, le partía el corazón escuchar a su hermana tan desolada, quería correr y abrazarla y decirle que todo estaría bien.

— He… di-cho… que no… es un bu-en… mo-mento — Al apretó los puños con fuerza; sus lagrimas seguían imparables, el esfuerzo de hablar era demasiado, realmente insoportable, casi agónico.

— ¡Pero, es importante! — argumentó Esmeralda, sintiéndose ligeramente ansiosa.

¡¡Qué me Dejes en Paz!! — gritó por fin, aventando la almohada contra Esmeralda quien por acto reflejo cerró la puerta en cuanto vio a su hermana levantar el brazo; escuchó el ligero golpe de la almohada contra la puerta y se sorprendió al ver sus manos temblorosas; esa era la primera vez que Al le hablaba de esa manera, jamás en toda la vida le había levantado la voz, mucho menos le había agredido con nada, un súbito sentimiento de tristeza y desconcierto se apoderó de ella; se alejó de la habitación tan rápido como sus temblorosas piernas le dieron fuerza e intentó en vano contener el llanto que inundó sus intensos ojos verdes.

Esmeralda estaba tan desconcertada que ni siquiera notó cuando Andrés pasó a su lado. Si ella hubiera visto la expresión en el rostro del chico seguramente habría ido tras él, sin embargo su pena y desconcierto fueron más grandes que su capacidad de observación.

Andrés entró en la habitación cerrando la puerta de un portazo que llamó la atención de su esposa; el rostro del rubio denotaba la molestia que sentía.

— ¡Eres una estúpida inconsciente! — espetó de golpe.

— ¿Qué? — Al se incorporó ligeramente con un poco de dificultad y se limpió sus llorosos ojos con el envés de la mano.

— ¡Pudiste haber evitado la muerte de Mí Bebé si te hubieras atendido a tiempo! — gritó con furia.

— ¿Si me hubiera atendido a tiempo? ¡De qué carajos estás hablando? — preguntó Al, sintiendo la agresión en las palabras de su marido.

— ¡Tu ginecóloga y el médico que te operó! — le señaló con el dedo de forma acusatoria — ¡dijeron que si se detectan estos casos de forma temprana pueden evitarse! — su mirada le culpaba sin misericordia.

— ¡Cuántas veces crees que me he embarazado, como para reconocer a la primera cualquier tipo de síntoma? — le preguntó con indignación. Por primera vez en la vida sintió que su sangre bullía con furia — ¡cómo iba a saber lo que pasaría?

— ¡Si te sentías mal debiste haber ido con tu ginecóloga! ¡Te dije! — Andrés le señaló nuevamente con el índice — ¡Te dije que quizás esos mareos no eran normales!, ¡A caso no te lo dije? — espetó con sobrada ira.

— ¡Sólo supusiste!, ¡no hiciste más que especular! — Al logró sentarse de lleno en la cama estaba tan furiosa que ni siquiera sintió el agudo dolor en su vientre — ¡Por qué tú mismo, no me llevaste entonces, si presentías que algo no andaba bien?

Ante esa pregunta el rubio se quedo callado, su pecho bajaba y subía con notoriedad, las recriminaciones que deseaba gritar se hallaban amontonadas en su garganta, incapaces de salir hasta no encontrar primero las palabras adecuadas para responder a esa acusación.

— ¡Por qué, no hiciste NADA? — gritó Al nuevamente.

Andrés apretó los puños con fuerza, bajó el rostro ligeramente y sacudió lentamente su cabeza en negativo varias veces, su boca se movía ligeramente, como si las palabras estuvieran naciendo en sus labios y muriesen antes de lograr su primer respiro.

— ¡Era tu responsabilidad! — dijo por fin poniéndose a la defensiva — ¡tú eres la mujer! — le gritó, su rostro se enrojeció notoriamente, la irá estaba carcomiéndolo.

Al le miró completamente desconcertada, no podía creerlo; sus ojos escudriñaron al hombre que tenía frente a sí, meneó la cabeza en negativo mientras mordía suavemente su labio inferior. El hombre con el que se había casado, había hecho la observación más machista y estúpida que había oído en toda su vida, esto era cosa de los dos, la vida que produjeron la hicieron juntos; eran un equipo, ambos debían cuidarse y cuidar de la vida que había crecido dentro de ella.

— Lárgate — le dijo Al sin fuerzas — no quiero verte.

— ¡No! — le gritó — ¡no me iré hasta que no admitas lo estúpida e irresponsable que fuiste!, ¡hasta no escucharte aceptar que por Tu culpa, mi bebé está muerto!

— Eso no pasará — la firme y profunda voz de Marcel se hizo presente en la habitación — lo tomó con sobrada fuerza del brazo, mientras lo miraba de lleno a los ojos — necesitamos hablar yerno — dijo con autoridad. Andrés deseaba gritarle que no se metiera en sus asuntos, que esto era algo entre su esposa y él pero… se quedó sin palabras, era como si le hubiesen arrebatado el sentido del habla.

Y es que Marcel era sin duda un hombre intimidante; poco más alto que Andrés, cuya profunda mirada tenía un poder casi hipnótico, el rubio, fue llevado fuera de la habitación, dejando a Al y a su madre a solas.

Al se llevó la mano al rostro y lloró nuevamente, le dolía la actitud de Andrés; y se culpaba a sí misma por no haber hecho algo a tiempo; sí, su esposo tenía razón, ella no debió dar por sentado que quizás esos síntomas que sentía eran parte normal del embarazo, ella debió haber ido con su ginecóloga, debió dejar de lado su trabajo… debió…

— Deja de atormentarte amor mío, — Selene le abrazó y Al lloró con profunda amargura en el pecho de su madre — no es tu culpa cariño, no es culpa de nadie, son cosas que pasan; yo perdí dos hijos antes de tenerte a ti. — susurró entre su cabello.

— ¿Có-mo? — Al levantó su lloroso rostro y miró de lleno a su madre.

— Sí — le dijo Selene — el primero fue antes de cumplir los tres meses — le miró con tristeza — fue un aborto espontáneo; el médico determinó que simplemente mi cuerpo había rechazado el embrión — le acarició su castaña cabellera y al ver un gesto de dolor en las tristes facciones de su hija, la recostó lentamente de nuevo en la cama — el segundo — continuó — fue casi a los ocho meses, — su voz era pausada — me cuidé como no tienes una idea, pues después de lo sucedido, deseaba en verdad que no se repitiera, tu papá me ayudó también y pensamos que todo saldría bien, sin embargo — se pausó momentáneamente y trago saliva antes de continuar — un día desperté y durante el día no sentí a tu hermano moverse. No lo noté en un inicio porque era muy tranquilo y casi no se movía, pero ya un poco más tarde me entró el pánico, tu papá estaba en su estudio y corrí a avisarle; él me tranquilizó — me dijo que todo estaría bien, que entre los dos superaríamos cualquier adversidad — tragó saliva antes de continuar — me llevó a emergencias, y nos dijeron que no había signos de vida de nuestro bebé — su madre se mordió el labio inferior con amargura — me practicaron una cesárea, él es-taba muer-to — no pudo más y rompió en amargo llanto — se ha-bía ahor-cado con el cor-dón umbilical.

— Ma-má — Al le miró con toda la comprensión del mundo, la entendía, conocía exactamente el tipo de dolor que sentía su madre — ambas se abrazaron y compartieron ese lazo profundo que únicamente se da entre madre e hija.

Quedaron en silencio, llorando juntas el dolor de cada una; diciéndose mil cosas sin palabras; trascurrieron unos minutos y Selene poco a poco fue ganando nuevamente coraje, tenía que dejar de lado su tristeza; su hija la necesitaba completamente entera.

— No es tu culpa amor mío — le susurró con dulzura al oído — no fue tu culpa — le aseguró entre lagrimas — deberías haber visto la cantidad de libros que leí sobre el embarazo — sonrió entre lagrimas — cuando tuve la dicha de verte llegar a este mundo, ningún libro me preparó realmente para ser madre. Quiero… quiero que entiendas que estas cosas pasan y que no es culpa de nadie; duele y no se olvida porque es un maravilloso ser que está creciendo dentro de ti y puedes sentirlo; yo no he olvidado a mis dos pequeños. Y lo mismo pasará contigo. No olvidarás a tú bebé, ni lo sustituirás por ningún otro, cada uno es único; tu padre y yo te ayudaremos a superar esta pérdida — le besó la frente — hija — le miró con seriedad — es hora también de terminar con este matrimonio, que nunca te devolverá la felicidad que ella te brindo.

— ¿Cómo? — preguntó sin terminar de entender las palabras de su madre.

— No es ese chico a quién amas y con quien deseas pasar el resto de tu vida, sabes bien que ese lugar le corresponde a Sharon.

— Ma-má…

— Ssssshhhh — su madre le puso un dedo sobre los labios para callarla — se honesta con tus sentimientos y piénsalo ¿de acuerdo? — le sonrió suavemente — ahora descansa pequeña mía.

Al quería replicarle a su madre, que esto era solamente un bache en su relación con Andrés que de alguna manera lo superarían juntos; sin embargo ese pensamiento le sabía a mentira, por primera vez en su vida, Al se sintió confusa, desorientada y perdida.

— Medítalo cariño, por favor — le dijo su madre antes de salir — todas las decisiones que has tomado desde que te uniste a ese hombre tienen un porqué. Únicamente tienes que abrir los ojos para darte cuenta de lo que en verdad quieres — le besó la frente — sabes bien que no estás sola, nunca estarás sola; tu padre, tu hermana y yo, siempre estaremos a tu lado.

Selene salió de la habitación, dejando a Al, dubitativa y pensativa.

— Sha-ron — musitó tras unos minutos con un hilo de voz — Sharon yo… — el llanto nuevamente se apoderó de ella y dejo salir ese dolor una vez más — quie-ro verte… Sha-ron… Sha-ron.

Mientras tanto Marcel había llevado a su yerno a una de las jardineras del hospital, Andrés estaba furioso y pensaba recriminarle el que se hubiera entrometido en sus asuntos maritales, los cuales sólo concernían a su esposa y a él.

— Vas a divorciarte de mi hija. — dijo Marcel en tono imperativo, deteniendo su paso para encararlo, mirándolo fijamente a los ojos.

— ¿Qué? — preguntó Andrés desconcertado — ¡no tienes derecho a decirme qué o qué no debo de hacer en mi relación! — le gritó provocando que las demás personas voltearan a verlos.

Marcel sonrío de medio lado, el hecho de que Andrés quisiera ponerlo nervioso llamando la atención de la gente, le parecía de lo más estúpido e infantil. Ya que esas cosas no le afectaban en lo más mínimo.

— Lo único que deseas de mi hija es que te de un hijo — le dijo Marcel fijando sus profundos ojos verdes en los del joven rubio, el cual se turbo al escucharle — y eso no va a suceder; hablé con su médico y de ninguna forma permitiré que ella arriesgue su vida nuevamente tan sólo para cumplir con tu capricho de ser padre.

El tono de su voz era definitivo y Andrés sintió la sangre hervirle como nunca.

— ¡Qué estás diciendo? — el rubio apretó con fuerza la mandíbula y los puños — ¡no tienes ningún derecho a meterte en nuestras vidas! — le espetó — ella es Mi Esposa.

— ¡Abre los ojos Andrés! — Marcel levantó la voz y sin romper la mirada que tenía sobre su yerno siguió hablando — ¡lo único por lo que te uniste a mi hija, fue por todo lo que viviste con Iván! ¡siempre estuviste a la sombra de la muerte, esperando por el día que enfermara y muriera! ¡Si te casaste con mi hija fue únicamente para huir de esa relación que te tenía cansado y agobiado por los constantes chantajes emocionales de ese chico!

— ¡No tienes ningún derecho! — espetó.

— ¡Callaté y escucha! —ordenó — ¡has vivido bajo la sombra de la muerte tanto tiempo que lo que anhelas es todo lo contrario! ¡por ello deseas con tanta vehemencia un hijo! ¡deseas ver vida! y que mejor que el nacimiento de un bebé ¿eh?, ¡Sin embargo no voy a permitir que te afanes en que mi hija se vuelva a embarazar tan sólo para darte gusto! — resopló con molestia mientras lo miraba de arriba abajo. — Vas a tener un hijo, sí, pero no será con mi hija, será por otro medio, estando tú con un hombre que te satisfaga y te llene por completo en todos y cada uno de los aspectos de tu vida. No puedes negar tu naturaleza, eres gay, de ninguna forma eres bisexual o heterosexual, eres lo que eres y punto. ¡Termina por aceptarlo! ¡Cuántas noches has pasado en brazos de los hombres desde que te casaste con mi hija? — Le preguntó en voz alta provocando las miradas curiosas de los ahí presentes.

A comparación de Marcel, Andrés se sintió turbado por estar llamando la atención de esos extraños, miro de reojo a su alrededor y notó las miradas y los cuchicheos de la gente, eso, aunado a la pregunta de Marcel terminó por derrumbar su falsa fortaleza. No tenía manera de negarlo, era verdad, después de que hubo embarazado a Al, hizo el amor con ella solamente en dos ocasiones más. Y Aprovechando que su mujer le daba toda la libertad del mundo, él se iba seguido a los bares a acostarse con cuanto hombre le apetecía, había ocasiones que incluso no volvía a casa en varios días. Marcel estaba en lo cierto, pese a todo, disfrutaba más estando con un hombre que con su mujer.

— No olvides que viniste a mí infinidad de veces, para desahogar tu sentir con respecto a tu antigua pareja. —Marcel suspiró profundamente. — Además desde siempre he sabido que mi hija terminaría con una mujer, las prefiere más que a los hombres.

— Esto es tan estúpido — dijo Andrés con un hilo de voz — cualquier padre estaría feliz al vernos enlazados en matrimonio… Mis padres estarían felices de saber que me he casado, de que he vuelto al “buen camino”. Su voz denotaba tristeza.

— Los padres anhelamos la felicidad de nuestros hijos, es verdad, pero debes entender Andrés que no es con mi hija con quien pasarás el resto de tu vida.

— Entiendo ¬— susurró bajando la mirada, odiaba admitirlo, en verdad lo detestaba, pero cada palabra dicha por Marcel era cierta, su deseo por Al había muerto desde que supo que estaba embarazada, el saber que iba a tener un hijo le bastaba y aunque ella lo había incitado más de una vez, él no pudo responderle sexualmente como en un inicio. Desde ahí tuvo que haberse dado cuenta.

Marcel, con una simple pregunta y una sencilla observación lo había derrumbado por completo.

— Deseo tanto un hijo — rompió a sollozar —lo anhelaba tanto.

— Lo tendrás muchacho — descansó sus manos sobre los hombros del joven rubio. — pero será en su momento y con la persona correcta. Por ahora llora tu pérdida y medita bien lo que harás de ahora en adelante. —Andrés asintió un par de veces.

Marcel le dio la espalda, sin embargo antes de emprender su marcha, volvió el rostro a un lado para observarlo una última vez.

— Una cosa más Andrés, — su verde mirada se oscureció y su voz se tornó fría y amenazante — si alguna vez vuelves a gritarle a mi hija, voy a matarte y a desaparecerte de la faz de la tierra ¿te ha quedado claro? — sus verdes ojos le dijeron que no era una amenaza vacía.

Andrés no pudo articular palabra, pero su mirada lo decía todo, había entendido, porque sabía muy bien que Marcel no tendría reparo en cumplir su palabra. Observó las espaldas del hombre, hasta que este desapareció por una de las puertas del hospital. Por primera vez, en mucho tiempo, se sintió verdaderamente sólo, abandonado por todos.

Más tarde, al llegar la noche, Al continuaba meditando, seguía autoanalizándose y por fin llegó a una amarga conclusión… había sido tan ciega, verdaderamente fue una estúpida, sonrió con tristeza, ella, la mujer que se sentía la mejor de las mejores psicólogas, se dio un fuerte golpe de frente contra la realidad. Era verdad, su madre tenía razón. Todo lo que había hecho, no era otra cosa más que intentar revivir la etapa más feliz de su vida; ese “amor” que decía sentir por Andrés fue sólo un falso reflejo de lo que seguía sintiendo por Sharon; por ello no pudo negarse cuando el rubio le propuso matrimonio, esa culpa que seguía cargando en su inconsciente fue lo que la impulso a decir , en cierta forma no quiso repetir los errores del pasado, sin embargo cometió el error más grande de su vida al casarse con el rubio; porque Andrés jamás sería Sharon, nunca sería esa chica que le había arrebatado el alma desde que la conoció. No, nunca sería feliz, porque estaba atada a la persona equivocada.

Extrañaba sobremanera, la sensación de euforia, que únicamente Sharon podía hacerle sentir, con tan sólo un suave y gentil beso. Echaba tanto de menos las dulces caricias de esas tibias y delicadas manos, las cuales siempre tenían para ella un toque amable y tierno. Extrañaba su voz, ese timbre cortés y armonioso que era su melodía favorita, necesitaba oír nuevamente esa risa que le llenaba el alma y le hacía sentir feliz; le hacía tanta falta verse reflejada en esos hermosos ojos azul cielo, los cuales eran el todo de su ser.

Se preguntaba una y mil veces, ¿cómo había podido ser tan estúpida, como para haberla lastimado, de esa forma tan cruel? A ella, a la chica que le dio el todo de sí misma. ¿Y todo por qué?, ¿Tan sólo para mantener su imagen ante sus amigos? Volvió el rostro para ver el obscuro cielo.

— No — susurró — no quiero cerrar mi ciclo contigo Sharon — se llevó las manos al rostro para cubrírselo — deseo volver a estar a tu lado — sollozó al recordar esa hermosa sonrisa que le arrebató tantas veces el alma — fui una estúpida Sharon, te alejé de mi vida, cuando eres la única a la que en verdad he amado... lo siento tanto amor mío. Por favor, necesito encontrarte, necesito verte… Sharon, te ruego que me perdones y me des otra oportunidad.

Dejo escapar una vez más el llanto. Mientras por primera vez en su vida… rezaba.

Lejos de ahí, por fin, tras un largo rato de amargo llanto, Camila había terminado de acostar a su novia, le cubrió con las cobijas y le besó en la frente antes de salir de la habitación. Esmeralda había quedado exhausta emocionalmente, tras contarle a su novia, su sentir tras la actitud de Al, le habló de todo el desconcierto que sintió, del dolor de ver a su hermana en esa situación; le platicó de la molestia que sentía por saber que la causante de que Sharon se hubiera alejado, hubiese sido por culpa de las palabras tan hirientes que manaron de la boca de quien consideraba su ídolo y su ejemplo a seguir.

Camila se sentó en el love-site de la sala, suspiró profundamente y se enjugó las lágrimas que aún brotaban de sus ojos, se sentía afligida por la tristeza que vio reflejada en esa verde mirada. Por lo que ella sabía, esa era la primera vez que Al le hablaba con tanta rudeza. Suspiró profundamente y deseó por única vez, que Al siempre hubiera sido esa mujer, que no era más que sonrisas y ternura para con su novia. Tras meditar algunos momentos el completo panorama, llegó a una conclusión.

— Que tonta he sido, realmente nunca tuve una seria razón para sentirme celosa, — dijo en voz baja — esa chica… Sharon… sin lugar a dudas tenía completamente enamorada a mi prima.

Sonrió sutilmente al recordar la primera vez que la conoció. Habían ido de visita a Nueva York, donde su prima y Sharon las alojarían. De inmediato notó lo contenta que estaba Al, su rostro reflejaba una clara e innegable felicidad; por su lado, Sharon se mostraba indudablemente feliz de tener a Al como pareja. En verdad ambas hacían una hermosa pareja.

Sharon era una mujer refinada, elegante, culta, gentil y amable; y su sonrisa ¡Dios! ¡Esa sonrisa, embelesaba a las personas cada vez que sonreía! de ello se dio cuenta cuando Esmeralda en varias ocasiones la tuvo que golpear en el costado de tan fijamente que la miraba.

— Ya basta, — le había dicho en varias ocasiones la rubia. — la miras con cara de tonta. — le había recriminado su en aquel entonces amor platónico.

— No puedo evitarlo, — le respondía siempre. — es preciosa.

— Lo sé, eso es innegable. — Terminaba admitiendo Esmeralda.

Sin embargo, lo que realmente había conquistado a Camila, era la forma como Sharon trataba a Al. Siempre tan atenta y amorosa, tan dulce y amable. No era un secreto el hecho de que Sharon había aprendido a cocinar y a hornear por Al. Ella siempre lo decía, era curioso cómo se enorgullecía de saber que Al apreciaba y adoraba jactarse de que no comía nada que no fuera hecho por las manos de su amada novia y era verdad, solamente en ocasiones especiales iban a comer fuera y Al siempre tenía el mismo comentario para Sharon cuando terminaban de comer.

— Nunca será tan bueno, como lo que preparas tú. — le decía sincera, sonriéndole dulcemente, mientras le tomaba delicadamente de la mano para besársela.

Ambas se amaban eso era seguro. Cuando Al llegaba del trabajo y se sentaba en el sofá, Sharon se acercaba a ella con una copa de vino y le masajeaba los hombros, hasta que ésta dejaba escapar de sus labios un profundo y relajado suspiro. Sharon sonreía y le echaba suavemente la cabeza hacías atrás para besarla en los labios, era un beso cargado de amor, lejos de la pasión o el deseo, era un beso que le decía que estaba feliz porque estuviera en casa a su lado. Camila, tras ver esas interacciones, por primera vez en su vida, deseó, algún día, poder encontrar esa misma felicidad en su prima Esmeralda.

Quizás fue por eso que odió tanto a su prima, porque quería y adoraba a Sharon; y sabía que no era justo que la hubiera lastimado de esa manera.

— De menuda forma la cagaste prima, — dijo en un suspiro. — mira que haber alejado a una mujer como ella… coño… no eres tan perfecta como Esmeralda cree.

— Así, es Camila. — la voz de Selene le hizo levantarse de golpe del sofá.

— ¡Tía! ¡Hombre! casi me matas de un infarto. — se llevó las manos al pecho.

— Lo lamento, — dijo dejando su bolso sobre el sofá. — no quise asustarte.

Selene se sentó en el sofá y la jaló hacia ella para abrazarla, Camila descansó su cabeza en el pecho de su tía y ambas permanecieron un breve momento en silencio; no obstante Selene lo rompió.

— Alejandra tiene que hablar con Sharon.

— Lo sé… — cerró los ojos antes de continuar hablando, — yo… yo tengo su dirección.

— Tu tío y yo la tenemos también — le dijo, provocando un gesto de sorpresa en la morena chica, se separó del abrazo de su tía para mirarla a los ojos.

— ¿La tienen? — preguntó sin podérselo creer.

— Por supuesto — contestó mientras escuchaban como la puerta de la entrada se cerraba.

— Pero, entonces ¿por qué no se la dieron desde un inicio?

— Porque, — interrumpió Marcel quién se quitó el saco dejándolo sobre el sillón individual. — Al tenía que darse cuenta de que esa chica, es la persona a la cual desea para toda la vida.

— No los comprendo. — Camila les miró de lleno.

— Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. — contestó Selene.

— Esa chica es maravillosa, — Marcel se sentó en el sillón individual. — pudimos notar grandes cambios en Al cuando estuvo con ella; Sharon es sin duda una extraordinaria mujer, tiene ese encanto que hace que te enamores de ella con facilidad; con nosotros se portó de una forma estupenda, ¿cierto, cariño?

— Así es amor, — Selene recargó la cabeza en el respaldo del sofá. — nunca conocí a una chica tan respetuosa y amable, nos aceptó por completo, incluso cuando platicamos con ella acerca de nuestra dinámica familiar.

— Me sorprende que no haya salido corriendo. — dijo Camila cruzándose de brazos.

— Oh, mi querida sobrina, — Marcel sonrió suavemente — si así lo quieres, con todo gusto puedo oponerme a que mi hija y tu sostengan su noviazgo, tal como tu padre estoy seguro lo hará una vez que se entere.

— Oh, bueno, yo, no, no es que me oponga a su forma de ser, es decir… — su voz denotaba su nerviosismo.

— Ven acá, — le dijo Selene abrazándola nuevamente. — tienes que entender Camila, que nosotros adoptamos esta manera de vivir por decisión propia, es nuestra y sólo nuestra y con ella, no estamos diciendo que uno tiene que ir y acostarse con cuanto desconocido te encuentres en el camino; mira pongamos las cosas claras de una buena vez, tu prima Al ha tenido pocos amantes realmente no llegan ni a quince y dentro de esas personas, esta Esmeralda, Andrés, Gustavo y Sharon. Quiero que te quede claro que no vivimos para tener sexo con cuanta persona se nos cruce; si hemos de acostarnos con alguien, esa persona tiene que poseer algo especial, no estoy hablando de cosas materiales, estoy hablando de que debemos de tener algún tipo de sentimiento hacia ella.

— Así es sobrina, — intervino Marcel — tener sexo, por sólo tener sexo es, inmaduro y poco saludable, riesgoso en gran medida por supuesto.

— Esmeralda únicamente te ha tenido a ti y a esa maestra que actualmente les está dando clases.

— ¿Uste-des, Ustedes saben? — Camila nuevamente se separó del abrazo de su tía.

— Lo sabemos todo acerca de nuestras hijas. — respondió Selene. — Así como mi hermana sabe todo de ti.

— ¿Mi madre?

— Por supuesto. — le respondió Marcel — La familia es lo más importante en nuestras vidas.

— No sé qué pensar. — suspiró la morena chica — siempre la he sentido tan lejana.

— Esa es tu percepción, porque no te has acercado a ella, — le dijo Selene — pero la verdad es que te quiere y te extraña mucho. A veces siento que tu padre te llena la cabeza de una manera exagerada.

— Bueno, es que él dice que…

— Somos unos monstros, degenerados — le interrumpió Marcel — perversos que deberían de ser quemados en leña verde.

— Pues, sí, algo así — admitió la morena.

— ¿Sabes cuantas parejas hemos tenido tu tía y yo?

— No me digas, infinidad ¿no? — Camila giró los ojos en blanco.

— Pues no, quería mía, — dijo Marcel — no llegamos ni a los veinte entre los dos.

— ¿Cómo?

— No has escuchado, ni una palabra de lo que hemos hablado pequeña, — Afirmó Selene — pero quiero que esto que te voy a decir, te quede muy claro ¿entendiste? Es lo mismo que le dijimos a nuestras hijas y quiero que te lo grabes muy bien. — Camila le miró de lleno a sus verdes ojos, tan verdes como los de sus primas — Tu cuerpo, es un templo y como tal, debes de valorarlo y si lo vas a compartir debes de fijarte bien con quien lo harás, esa o esas personas deberán ser personas sanas tanto física como emocionalmente, deben de ser personas en las que puedas confiar; el sexo es agradable, pero jamás se comparará a hacer el amor, ten en cuenta que sexo y amor son dos cosas muy diferentes, cariño y tú misma has visto la satisfacción tan grande que es llegar a la cumbre del placer con la persona amada, créeme, nunca se comparará a la simple satisfacción de un orgasmo con una persona por la cual no tenemos ningún tipo de sentimiento.

— Así es sobrina. — Marcel se levantó del sofá y fue a sentarse junto a ella. — El día que te llegues a acostar con alguna extraña verás que después del orgasmo, únicamente te quedará un vacío molesto e insatisfactorio, el placer se disipa muy rápido, — Suspiró. — y lo único que queda cuando estas con un extraño, es vestirse y decir adiós.

— En cambio, — Dijo Selene. — cuando estas con el ser amado, quedan las caricias, las palabras de amor y ese sentimiento de amor infinito, que sólo se da en las parejas.

— ¿Alguna vez te has acostado con otra persona que no sea mi hija? — Preguntó Marcel.

— No… — Respondió Camila, mientras echaba la cabeza hacia atrás. — Pero besé a otra una chica y cuando estaba en España antes de saber que le gustaba a Esmeralda, me morreé con el hermano de uno de mis amigos en una fiesta, pero no llegamos a acostarnos.

— ¿Y, qué sentiste? — Preguntó Selene pasándole un brazo sobre los hombros.

— Nada. — Respondió bajando la mirada. — No sentí nada, con ninguno de los dos.

— Me alegra que sólo haya sido eso. — La voz soñolienta de Esmeralda les hizo volver el rostro hacia las escaleras.

— Esmeralda. — Las mejillas de Camila se pintaron en profundo carmín y el corazón comenzó a latirle muy rápido.

— Si te hubieses acostado, con alguno de los dos, sobre todo con ese tipo, del cual por cierto, hasta ahora me vengo enterando, —Le miró con bastante enojo. — hubiera tenido que golpearte. Quizás aún tenga que hacerlo. — Dijo por lo bajo. Mientras Camila tragaba saliva al ver en la mirada de su prima que no lo decía en broma.

— Esa agresividad no es buena, hija. — Selene se rió por lo bajo. — Además lo de ese chico sucedió mucho antes de que tú le expresases tus sentimientos.

— Dejando eso de lado me alegra que hayas despertado hija. — Le dijo Marcel señalando que se sentará a su lado. — Después de todo tenemos que tocar un punto importante.

— Lo sé. — Respondió, sentándose al lado de su padre.

— Hablé con Andrés y le he dicho que ha de divorciarse de Alejandra.

— ¿Lo aceptó sin más? — Preguntó Camila.

— Bastó hacerle ver su realidad, para que no opusiera objeción alguna. — Respondió Marcel.

— Lo importante aquí, es reunir nuevamente a Sharon y a nuestra hija. — Selene se pasó la mano por entre el cabello. — Nuestra nieta está creciendo y tu hermana ya se ha perdido varios momentos valiosos, como sus primeras palabras y sus primeros pasos.

— Es cierto. — Marcel fijo la vista al techo. — Estoy seguro que para este momento Alejandra ya tiene claro lo que en verdad desea y eso me hace sentir mejor.

— Desde el inicio no te gusto que Al se casará con ese tipo ¿verdad papá?

— Así es, sin embargo, haberme opuesto, únicamente hubiera encaprichado a tu hermana, por eso ninguno de los dos dijimos nada.

— Por fortuna tu hermana es bastante inteligente, — Selene abrazó a Camila nuevamente. — Así que estoy segura que hará lo correcto e irá a buscar a Sharon para disculparse y trabajar duro para recuperarla.

— ¿Creen que si Al se disculpa con Sharon, ésta la perdone y de inmediato la abrace y la bese y sean felices para siempre? — Preguntó Camila mientras imaginaba la escena.

Tanto Selene como Marcel tuvieron que contenerse con todas sus fuerzas para no soltarse a reír a carcajadas.

— Eso sería muy romántico. — Dijo Esmeralda imaginando la escena también.

Y fue ahí que no pudieron contenerse más y se soltaron a reír con ganas.

— ¿Qué es tan gracioso? — Preguntó molesta Camila.

— Jajajajajaja lo siento, lo siento, jajajajajaja. — Seguía riendo Marcel.

— E-Es sólo que, jajajajajajajajaja, que jajajajajaja. — Intentó decir Selene.

— ¿Qué? — Interrogó Esmeralda con el rostro cubierto en rubor.

— Esta es la vida real, jajajajajajajaja. — Marcel no podía dejar de reír.

— Así, es. Jajajajajajaja— Añadió Selene. — No una película romántica ¿saben?

Ambas chicas se sonrojaron a más no poder, entonces sintiéndose burlada, Esmeralda tomó de la mano a su prima y la llevó escaleras arriba, dejando a sus padres quienes seguían sin parar de reír.

— Bien, bien, simpáticos, — Dijo Esmeralda ligeramente molesta mientras subía el primer peldaño. — nos vamos a la cama.

— No hagan mucho ruido, jajajajajajajaja. — Dijo por último Marcel, abrazándose el estómago por el dolor que le estaba produciendo tanta risa.

Después de un rato de haberse ido las chicas, por fin ambos, lograron controlar su risa.

— En verdad que ser joven es maravilloso ¿no crees amor? — Selene tomó la mano de Marcel entre la suya.

— Sin lugar a dudas. — Afirmó. — Ojala todo fuera tan sencillo como pedir disculpas.

— Sí, ojala sin embargo a nuestra hija le va a tomar un buen rato conquistar nuevamente a Sharon.

— Lo sé. — Apretó suavemente la mano de su mujer. — Pero a la vez eso será bueno para Alejandra.

— Sin duda, sólo espero que esta vez, la sepa valorar y cuidar.

— Lo hará, ya lo verás.

— ¿Qué deberíamos hacer primero? — Preguntó Selene Recargándose en el hombro de su pareja.

— Esperemos hasta que se encuentre del todo sana, en su condición actual no sería posible que viajara a Londres.

— Me parece bien, además necesitamos prepararla, pues aún no sabe que la niña es su hija biológica.

— Lo sé. — Dijo Marcel, suspirando por lo bajo. — Estoy seguro que si lo hubiera sabido desde el inicio, la hubiera buscado por cielo, mar y tierra hasta encontrarla.

— Eso es algo que en verdad sigue molestándome. — Selene apretó la mano derecha hasta formar un puño. — Alejandra en verdad la amaba, no comprendo porque no la buscó con todo su empeño desde el inicio.

— Mucho me temo, que la culpa tuvo mucho que ver en el asunto. — Marcel besó a Selene en la frente. — En cierta forma la comprendo, aun cuando es muy madura, le hacía mucha falta experiencia, además Sharon en verdad rompió con ella al hacer su paradero completamente desconocido, sé por buena fuente que nadie le pudo dar a Alejandra ni un indicio de donde pudiera encontrarla. — Suspiró profundamente. — Creo que también, quiso respetar su decisión de romper por entero su relación.

— Sí, tienes razón amor. — Selene levantó el rostro, para ver los verdes ojos de Marcel. — Inclusive al detective privado que contratamos, le costó poco más de medio año, dar con su paradero.

— Así es, por lo que tengamos paciencia, verás que lograremos reunir a nuestras chicas. — Le guiño. — Y esta vez con todo gusto asistiré a su boda.

— Su boda. — Selene susurró meneando en negativo. — Sólo espero que Sharon pueda perdonar a Alejandra, por haberse casado tan fácilmente con un hombre.

— Eso, mi querida Selene, le corresponderá únicamente a Sharon. — Marcel le besó suavemente en los labios. — También tengo mis temores, pero quiero creer que nuestra hija será capaz de enamorar al amor de su vida, una vez más. Vamos amor, pensemos positivamente. — Le sonrió y le guiño un ojo. — Por lo pronto he hablado con Nicolás para que vaya preparando los papeles del divorcio.

— No esperaba menos de ti cariño. — Selene bostezó con ligero cansancio. —Será mejor irnos a la cama, mañana tenemos que madrugar. — Marcel asintió mientras bostezaba de igual manera.

Lejos de ahí en el hospital, Alejandra seguía con la cabeza llena de imágenes que iban y venían del tiempo que estuvo viviendo con Sharon. Fueron tiempos realmente hermosos.

— Quién hubiera pensando, — Susurró con infinita tristeza. —que esa chica que me preguntó si hablaba el Español de manera fluida, sería la persona más importante de mi vida. — Una lágrima escapó de sus ojos.

Al fijo la vista en el blanco techo y rememoró el día que la conoció.

Se había mudado a Estados Unidos para estudiar un posgrado, el primer día de clases a su lado se sentó una chica preciosa, no había reparado en ella porque estaba hablando con Esmeralda por teléfono, pero al terminar la llamada, esta singular y atractiva chica no tuvo la menor duda en saludarle.

— Hola, tú hablas español fluido ¿verdad? — Le preguntó esbozando una hermosa sonrisa, tan bella que por primera vez en la vida Al se quedó sin palabras, únicamente atinó a asentir un par de veces.

— ¡Genial! — Expresó la chica llena de entusiasmo — ¿te importaría si lo práctico contigo? Me encanta el idioma.

— Sin problema — Pudo por fin decir Al, la cual, no podía terminar de embeber la preciosidad de esa mujer.

— Mi nombre es Sharon — Le extendió la mano, Al la estrechó y quedó fascinada por la suave textura de esa joven piel.

— Yo soy Alejandra, pero por favor llámame Al — Le pidió regalándole la mejor de sus sonrisas.

— De acuerdo, Al, es un placer conocerte.

— Por el contrario, el placer es todo mío, ¿quieres ir a tomar algo después de clases?

— Con gusto — le respondió con esa maravillosa sonrisa y Al nuevamente se perdió en ella.

Por la tarde se reunieron, para tomar ese café prometido, Al estaba fascinada por la soltura con la que esta chica se desenvolvía, su sonrisa la tenía prácticamente hechizada; su plática era interesante, divertida y amena. Las horas pasaron sin que ninguna de las dos se percatara, no fue sino hasta que un mesero se acercó para informarles que el local estaba por cerrar, que ambas miraron a su alrededor y se dieron cuenta de que en verdad era ya muy tarde; se rieron por lo bajo al percatarse de que nunca antes les había sucedido algo igual. Para Sharon fue una sorpresa muy agradable el haber mantenido esa charla tan amena con esa joven de hermosos ojos verdes, por lo regular la gente terminaba aburriéndose con ella por tratar temas profundos que por lo regular llevaban a debates que la gente sencillamente no tenía interés en discutir. Su círculo de amigos era muy reducido y sin ninguna duda esta chica sería parte de ellos, eso estaba más que decidido. Lo que en ese momento ella no sabía, era que esa chica no solamente se convertiría en su amiga favorita, sino en el gran amor de su vida.

Como todas las relaciones, esta empezó con una sólida amistad y congeniaban tan bien, que siempre buscaban compartir tanto tiempo juntas como les era posible. Con el paso de los días y los meses, su relación escaló un peldaño más arriba, cuando un día al salir de clases Al le pidió una cita a su amiga.

— ¿Salir conmigo dices? — Inquirió, la preciosa chica de cabello rojizo herencia de su madre.

— En una cita. — Aclaró Al. Esa era la primera vez que se sonrojaba en su vida. Sintió el corazón latirle con mucha fuerza, cosa que la sorprendió pues nunca había sentido algo así, con nadie. — Me gustas. — Dijo Al sintiéndose por primera vez nerviosa, sin duda alguna temía recibir una respuesta negativa. — Eres muy guapa, — Continuó — inteligente, amable, dulce, simpática, contigo puedo desvelarme toda una noche sin siquiera sentir el paso de la misma, de hecho podría pasar días enteros charlando contigo y estoy segura que perdería por completo el sentido del tiempo.

— Bueno, si lo que buscabas con todo ese halago era recibir un sí, de mi parte, he de decirte que…

Por un instante Al se quedó sin aliento, la pausa que hizo esa chica era demasiado prolongada, no podía leer la expresión del rostro de Sharon; por un momento pensó que había mal entendido esas pequeñas manifestaciones de afecto que esa chica le prodigaba, donde claramente había notado un gusto hacia ella, pero ahora al ver ese gesto en su azul mirada, le hacía pensar que se había equivocado rotundamente.

— Lo siento. — Se adelantó a decir Al. — No quise incomodarte, creí que…

— Que mala educación, — Le interrumpió Sharon. — adelantarte a sacar conclusiones antes dejarme terminar de hablar.

— ¿Cómo? — El rostro de Al dejo ver su desconcierto, lo que provocó que Sharon se soltara a reír.

— Por supuesto que sí, saldré contigo, de hecho desde hace un mes espero que me invites a salir.

— ¿Eh?

Sharon se abalanzó a sus brazos y le besó la mejilla.

— Quiero decir que me gustas y que estaré encantada de salir contigo.

Al nunca entendería, sino un año más tarde, el por qué haber recibido un sí por respuesta de esa chica, le había hecho sentir la persona más afortunada de todo el mundo.

En su primera cita fueron a bailar, el antro se llamaba “Alfa & Omega.” Lo curioso de todo, fue que ese mismo sitio atestiguó el final de su relación. Sin duda alguna fue su principio y su final. Desde ese día Al, debió haberse dado cuenta de que no tenía ojos para ninguna otra persona que no fuera Sharon, los hombres y mujeres que intentaron acercarse a ellas tuvieron siempre una negativa por respuesta. En toda su vida, Al nunca se había centrado tanto en una sola persona, como lo estaba haciendo en esos momentos. Después de bailar y beber algunas copas, fueron a cenar; ya de camino a casa no podían dejar de reír, pues les había sucedió el mismo incidente de la cafetería.

Al llegar al departamento de Al, esta esperaba que Sharon le invitara a pasar, hacía semanas que soñaba con besar esos labios que lucían sumamente seductores y deliciosos.

— Gracias por una noche tan maravillosa. — Sharon tomó su rostro entre sus manos y la atrajo lentamente hacia ella. Al cerró los ojos esperando sentir ese beso tan esperado en sus labios. Sin embargo, Sharon le besó en la frente. Ocasionado que Al le mirara con una divertida expresión de incomprensión. Sharon le acarició los labios con el índice y le guiño con un hermoso gesto de coquetería. — No esperaras que te besé en la primera cita ¿verdad? — Le sonrió dulcemente y abriendo la puerta del edificio de su departamento desapareció, dejando a Al con el corazón latiéndole a mil por hora y con una estúpida sonrisa adornándole los labios, sus mejillas sonrojadas le hacían lucir linda.


Al volvió de sus recuerdos; sí, la extrañaba, en verdad necesitaba estar a su lado; ella fue la primera persona a la que amó verdaderamente.

— Voy a recuperarte. — Susurró. — No importa lo que tenga que hacer. — No voy a renunciar a ti.

La determinación en sus ojos, lo decía todo, por fin tras tres largos años de separación, estaba dispuesta a todo con tal de recuperar al verdadero amor de su vida.

Lejos de ahí, Camila rememoraba la noche que supo que Esmeralda la amaba. Sonrió a su amada ahora ya entregada a los brazos de Morfeo. La escena de celos de hace apenas unos minutos le saco más sonrisas que preocupaciones, nunca imaginó que su novia fuera tan posesiva con ella y eso le hizo sentir amada.

“¿Lo recuerdas Esmeralda?” — Pensó la chica mientras abrazaba a su novia por la espalda. — “El día que me dijiste que te gustaba, estábamos en casa de mi madre en Barcelona, ella se había ido a una cena y nos quedamos solas.” — Sonrió enormemente mientras enterraba su rostro en esa suave melena dorada. — “Siempre fuiste tan enojona; recuerdas cuando acabamos de ver esa película en la cual esperabas que la protagonista se quedara con la chica que había sido su novia por dos años, pero que sin embargo termina enamorándose y yéndose con el hombre que conoció en el vuelo a Londres, por poco y destrozas la televisión. Recuerdo lo enfurecida que estabas, gritando casi a pulmón, lo ridículo e inverosímil, que era enamorarse de una persona en unas cuantas horas y entonces de la nada te me plantaste enfrente y me dijiste que más me valía nunca fijarme en ningún estúpido, que te gustaba demasiado y que deseabas en un futuro ser mi novia. Me quedé de piedra al escucharte decir eso, éramos tan niñas, que sólo asentí un par de veces, nos quedamos en silencio después de eso, comiendo pizza, cada una de nosotras embebida en nuestros propios pensamientos. Y ahora tenerte así, entre mis brazos, es todo un sueño hecho realidad. Te Amo tanto, que nunca podrás darte una idea de cuán profundo es mi amor por ti. Vamos a ayudar a Alejandra a recuperar a Sharon, verás que sí.”

Al día siguiente, el primero en entrar fue Andrés. Al le observó fijamente, el rubio hombre se recargó en la puerta, cerrándola con el peso de su cuerpo. Andrés pudo notar que su mujer había llorado buena parte de la noche, por lo hinchado y enrojecido de sus ojos.

— Necesito que me devuelvas mi libertad Andrés. — El tono de voz de Al, había cambiado radicalmente, no había ese característico amor entonando sus palabras, se escuchaba fría y seria.

Andrés le observó en silencio, apretó los labios y frunció el ceño, sus manos formaron puños, suspiró amargamente y apartó la vista de la mujer que tenía enfrente.

— Lo sé. — La voz de Andrés sonó casi métalica. — Eres libre, firmaré lo que sea, sólo desaparece de mi vida y que esta vez sea para siempre. — Sentenció el hombre sin mirarla.

Al, prefirió no decir nada más, porque no había nada más que decir, no iba a gastar saliva, para tratar de argumentar es salida melodramática, con la que quería dar cierre a su relación Andrés. Cerró los ojos y suspiró cansinamente.

Adiós. — Susurró, cuando escuchó la puerta cerrarse. Había terminado esa farsa, ahora sólo restaba encontrar y conquistar nuevamente al verdadero amor de su vida.

Al estaba decidida, a recuperar a Sharon, no importando lo que costara, estaba dispuesta a renunciar a lo que fuera necesario, con tal de volver a estar con ella.

Empero, muy, muy lejos de ahí, en otro continente, algo interesante se desarrollaba en un restaurante durante la cena.

— Sharon. — La mano de una mujer se posó sobre la de la chica que miraba atentamente las burbujas de champagne desprenderse del interior de su copa. — Hace ya año y medio que hemos salido, creo que no está demás decir, que amo todo, absolutamente todo de ti.

Esa última frase, provocó que la joven pelirroja levantara la vista fijándolos en esos ojos café claros.

— ¿Qué quieres decir? — inquirió la joven arqueando ligeramente las cejas.

— Oh, cariño, espera, déjame terminar. — Le guiño un ojo. — Como te decía, somos un gran equipo y nunca me he sentido tan feliz con nadie, como contigo. — tu hija y yo nos llevamos bien y creo que es hora de sellar nuestras vidas ¿no lo crees?

Sharon se quedó sin palabras al ver a la mujer sacar una caja negra, la abrió y ante ella estaba un precioso anillo de compromiso, adornado de un enorme diamante que destellaba hermosamente.

— ¿Sharon Tyler, quieres casarte conmigo? — La sonrisa que iluminaba el rostro de esa mujer era muy bella; su largo cabello castaño obscuro, estaba perfectamente estilizado, su blanca piel era cubierta por un vestido negro entallado, sin mangas, cuya abertura en V dejaba ligeramente a la vista, la parte superior de su bien formado pecho, sus enormes ojos café claros, no dejaban de ver la expresión en el rostro de su novia.

— Brooke… — La voz de Sharon tembló sutilmente, su mirada fija en el anillo que tenía frente a ella. Tragó saliva, mientras tomaba la pequeña caja entre sus manos. Lo observó atentamente durante algunos minutos. Sonrió dulcemente, mientras tomaba la mano de su novia entre la suya. Brooke, Yo… Acepto.

25 comentarios:

  1. Aww ya extrañaba leer esta historia. Muchas gracias por publicar! Me encanto :3

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    1. Gracias Mily, me alegra que te haya gustado. El 30 de este mes subiré el 20, espero que también te agrade.

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  2. Graciaaaaas que linda historia *-* Al & Sharon :3 gracias por la publicación! Esta lindísima, esperaré con ansias el próximo capítulo! :D

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    1. Muchas Gracias por tu comentario, espero que el siguiente capítulo te guste también.

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  3. ¡Oh! ¡¡¡Gran gloriosa Sheila!!! ¡Te amo! En verdad!! He estado esperando la actualización desde tiempos inmemoriales, me encanta la manera en la que escribes, es fluida, pero me muero por saber que pasa con Karla y Dennis, ahhhh!!! Y con Laura, es que en serio!!! Me muero por saberlo, tengo que saberlo, sinceramente amaría si Karla se queda con Dennis por que, es un akxjoakxlsoakxkskaosis, es lo mejor de lo mejor!!! Actualiza pronto Sheila!!

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    1. Gracias Niko, efectivamente en el capítulo 20 regresamos con nuestras protagonistas de lleno. El 30 de este mes subiré el siguiente capítulo. Gracias por seguirme y por tu amable paciencia. Te mando mil abrazos. ;)

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  4. ahhhhhhhhh estoy tan emocionada. me encanto Shey. ahora Al no la tendrá fácil para reconquistar a Sharon pero el drama es lo mas emocionante de una buena historia por lo menos para mi, nuevamente me dejaste con ganas de mas. espero que para el capitulo 20 tenga algo acerca de mis protagonistas favoritas es decir Karla y Denis.
    Gracias Shey.
    Mishelle. <3

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    1. Gracias Mishelle, pues así, será vamos a explorar un poco como es que Laura volvió al lado de Karla, y veremos también como lo pasa Dennis. Gracias por leerme. Espero que el siguiente capítulo también te guste.

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  5. Realmente es impresionante la manera en que conectas con las emociones... sheila es todo un privilegio leerte... gracias por regresar!! atte Lobita de Hielo

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    1. Gracias Lobita de Hielo, me alegra mucho que te haya gustado, el siguiente capítulo espero que igual te agrade.

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  6. waaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! Sheila!!!! Mil gracias por complacernos mas con tu historia, realmente extrañaba leerte!!! T_T snif´*snif*, pero vale la espera, así que seguiré esperando lo que tenga que esperar!! Un abrazo fuerte, cuidate mucho!, :*

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    1. Muchas gracias, ChikaneLove. Yo también los extrañé montones, la verdad ya necesitaba escribir nuevamente. Me alegra haber vuelto. Te mando un abrazo.

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  7. Fue muy corto este capitulo! ;( sheila eres muy buena, nos tienes atrapada con esta historia. Espero con ansias el próximo capítulo. Desde Venezuela, te envio un super abrazo.

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    1. Gracias Vero, Me alegra que te haya gustado. También te envío un enorme abrazo. Gracias por leerme.

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  8. Hola Sheila, quería decirte que me alegra muchísimo volver a verte por aquí y que me encanta como escribís. Es la primera vez que comento. Voy a esperar con muchas ansias el próximo capítulo. Espero te encuentres muy bien. Saludos desde Argentina.
    PD:Eres mi escritora favorita :$

    Atte:Eurin

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    1. Muchisimas gracias Eurin, me alegra que te guste la manera en la que escribo, y créeme también estoy contenta de haber vuelto. Te mando un gran abrazo.

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  9. Oh wow volviste pense q era imposible me alegro pense q te habia pasado algo eres mi escritora favorita aunque nunca antes comente y si muero por saber de. Karla y Dennis att:Paulina

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    1. Gracias Paulina ;) me alegra saber que te ha gustado mi historia. Próximamente sabras más de nuestras protagonistas. Te mando un gran abrazo!

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  10. Esas mujeres estan asi de tanto tomar CAFE!!! Jajajajajajaja

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    1. Jajajaja, ok anoten, los efectos secundarios que ocurren por exceso de café. :p

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  11. shei *-* q hermosoooo ya recien me falta para cumplir sera q me regalas ese dia subir un capitulo pleaseeeeeeee bella se q el 30 subiras el capitulo 20 perooo awwww *-* regalame el 7 de diciembre un capituloo pleaseeee sera el mejor dia para mi si me obsequias subir ese dia el siguiente capituloooo

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    1. nanii hermosa, bella, me encantaría pero me sería imposible subirlo en esa fecha más aun porque tengo algunas cosas que revisar también. Pero espero no tardar mucho con la segunda parte del capítulo 20 en el mes de diciembre. Te mando un Gran Abrazo y muchisimas felicidades de antemano por tu cumpleaños, espero que lo pases maravillosamente bien. Besos.

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  12. Ya lo leí dos veces ... es que me fascina tu manera de escribir ... además como mañana subirás el capítulo 20 ... estará fresca mi lectura jeje ...

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    1. Muchisímas gracias Guapa, me alegra que te haya gustado. Te mando un gran abrazo.

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  13. Sheilaaaaaaaaa me has alegrado TODA la semana con saber que has vuelto! Soy de esas que pasaban todos los días por tu blog para saber si había alguna actualización hehehehe. Te extrañé al igual que a todos tus personajes pero he de decir que toda la espera valió la pena. Gracias por regresa y quédate con nosotras jajaja!

    -Lizbeth

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